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EMBAJADOR MANOLIN RACING ROOM

MANOLÍN SANTANA

UNA VIDA ENTRE MOTOS, RECUERDOS Y EL 93

Hay pasiones que aparecen con el tiempo y otras que comienzan prácticamente desde que tenemos uso de razón. En el caso de Manolín Santana, las motos forman parte de su vida desde la infancia y están inevitablemente ligadas a una persona fundamental en su historia: su tío. Fue él quien despertó ese interés por las dos ruedas. 

Manolín recuerda aquellos domingos en casa viendo las carreras de motociclismo narradas por Valentín Requena en Televisión Española. Se grababan en VHS y durante la semana volvían a verse una y otra vez. Aquello que comenzó siendo una tradición familiar terminó convirtiéndose en una verdadera pasión. 

 Su tío tenía motos y Manolín aprovechaba cualquier oportunidad para conseguir que lo llevara a dar una vuelta. Con apenas ocho años llegó su primera moto, una máquina que tiene un enorme valor sentimental porque todavía hoy la conserva en su garaje y continúa funcionando. Los fines de semana fueron quedando cada vez más vinculados al mundo del motor. Eran otros tiempos y Manolín recuerda especialmente aquellas carreras que se celebraban en Mercapalmas y una época en la que vivir la moto tenía un carácter muy diferente al actual. 

Con los años comenzó también su propia evolución sobre dos ruedas. Llegó una Rieju RS1 de 50 cc, posteriormente modificada a 74 cc con escape y carburación, y después una Aprilia 125. A partir de ahí se sucedieron motos cada vez mayores: Honda CBR 600, Honda VTR, Cagiva, Honda CBR 1000, BMW S1000RR, Ducati Panigale y Ducati Multistrada, entre otras. 

Cada una pertenece a una etapa diferente, pero todas forman parte de una misma historia. En 2008 apareció además otro elemento que acabaría teniendo una enorme presencia en su vida. Hasta entonces Manolín nunca había seguido especialmente a un piloto concreto, pero comenzó a interesarse por la trayectoria de un joven Marc Márquez. Con los años, aquel seguimiento fue creciendo hasta convertir el número 93 en uno de los grandes protagonistas de su colección. Sin embargo, en 2013 Manolín vivió uno de los momentos que marcarían definitivamente su historia: el fallecimiento de su tío. Perder a la persona que había sido su referente tanto en el mundo de las motos como en muchos aspectos de su vida supuso atravesar una etapa complicada. 

Fue entonces cuando comenzó a construir algo que le permitiera mantenerse ocupado, continuar conectado con el motociclismo y conservar, de alguna manera, el vínculo con quien había iniciado aquella pasión tantos años atrás. Así comenzó a crecer su garaje. Desde 2013, y casi sin darse cuenta de la dimensión que iba adquiriendo, Manolín ha ido reuniendo motos, equipaciones, piezas y recuerdos relacionados con el motociclismo y, muy especialmente, con Marc Márquez. 

Lo que empezó como un proyecto personal ha terminado convirtiéndose en un espacio muy especial, hasta el punto de que él mismo lo define como un “medio museo”. Una colección construida durante años en la que cada objeto tiene una razón para estar allí. Pero el verdadero valor de todo lo acumulado no está únicamente en las piezas. Seguir a Marc Márquez y posteriormente también a Álex Márquez le ha permitido vivir numerosas experiencias y anécdotas, además de conocer personalmente la calidad humana que, para Manolín, existe detrás de ambos pilotos.

 El motociclismo también le ha regalado algo que considera todavía más importante: personas. Gracias a esta afición ha conocido gente en distintos lugares que con el paso de los años se ha convertido en parte de su círculo de amistades. Caminos que probablemente nunca se habrían cruzado sin una moto de por medio. En todo ese recorrido también han estado sus padres, viviendo durante años con la preocupación lógica de quienes veían cómo las motos ocupaban una parte enorme de la vida de su hijo. 

Manolín reconoce que cuando era más joven no siempre entendía esos temores; con los años ha aprendido a comprenderlos y valorarlos de otra manera. Hoy, su garaje representa mucho más que una colección relacionada con Marc Márquez o con el motociclismo. Es también un espacio personal al que acudir en los días menos buenos. Sentarse allí, tomarse un café y contemplar todo lo reunido durante tantos años le permite desconectar, recordar momentos vividos y recuperar energía. Dentro de ese garaje conviven su primera moto, diferentes etapas de su vida, el recuerdo de su tío, las personas que ha conocido gracias al motociclismo y una colección vinculada al 93 que continúa creciendo.

 Manolín no sabe dónde estará el límite. Después de tantos años siempre aparece una nueva pieza, un nuevo recuerdo o algo con suficiente significado como para encontrarle un sitio, aunque cada vez quede menos espacio disponible. Ahora Manolín Santana inicia una nueva etapa como embajador de FOTOXTREMO. 

Su incorporación representa precisamente una de las partes más importantes de nuestra manera de entender el mundo del motor: descubrir las historias y las personas que existen detrás de las motos. Porque la historia de Manolín no comienza con una colección ni con un garaje lleno de recuerdos. Comienza con un niño, su tío, aquellas carreras grabadas en VHS y una pasión que, muchos años después, continúa formando parte de su vida.

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